Vive la France

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés REDACCIÓN / LA VOZ

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09 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

780 diputados de los 902 que forman parte de las dos cámaras legislativas francesas aprobaron el lunes la conversión del aborto en un derecho constitucional. La dimensión del apoyo a la iniciativa promovida por el Gobierno de Macron tiene una envergadura que implica a la práctica totalidad de las corrientes políticas presentes en la vida de los franceses, incluida la extrema derecha de Marine Le Pen, que dejó libertad de voto, aunque ella respaldó una decisión que convierte a Francia en el primer país del mundo en blindar el derecho que las mujeres tenemos a interrumpir un embarazo que, como dijo el primer ministro Gabriel Attal, constituye «la más íntima de las libertades, la libertad por excelencia».

El estruendoso aplauso con el que fue recibido el resultado de la votación y lo apabullante de la misma se producían casi paralelo al pimpampún habitual a este lado de los Pirineos, en donde la posibilidad de que algo semejante ocurra es tan improbable como que el sol deje de salir mañana.

Hoy tenemos envidia de Francia. De ese consenso ante un asunto que acoraza un derecho de las mujeres; de la decisión de Macron de no asistir a la votación para que se visibilizara la división de poderes; del compromiso que a diestra y siniestra manifiestan por proteger y mimar ese santo laicismo que forma parte del ser francés; de la nula capacidad que las iglesias francesas tienen de condicionar la vida ciudadana. Como muestra de lo distintos que somos, desde aquí el cardenal Cañizares proclamaba: «Las palabras de Macron sobre el aborto son un camino directo al infierno», destino fatal que no parecen percibir los católicos de la asamblea francesa.

Hay que decir por cierto que la inclusión del derecho al aborto en la Constitución francesa convive con una rigurosa política social que incluye la gratuidad de los anticonceptivos hasta los 25 años de edad. Se adoptó hace dos años tras detectar que las mujeres más pobres los utilizaban menos, con el riesgo de embarazos no deseados que conllevaba. Hoy los franceses tienen un motivo más para ser chauvinistas.